Las compañías aéreas deberían aprender del taxi

Recuerdo la primera vez que volé en avión. Hará de ello unos 30 años, era un niño y estaba entusiasmado. Viajaba a las Islas Canarias de vacaciones con mi familia. Desde entonces y hasta ahora todo ha ido a peor en cuanto a la comodidad.

Foto de avión comercial frontal despegando con carretera en primer plano, fondo de montañas y cielo azul

Recientemente, mientras volaba con Air Europa, empecé a pensar en todas las incomodidades que estaba pasando y concluí en lo mucho que deberían aprender de un simple taxi.

Posiblemente cualquier trayecto en taxi lleve entre 15 minutos y una hora, mientras que los viajes en avión suelen tener una duración mínima de una hora. Siendo los vuelos de una mayor duración, cabría esperar mayores comodidades en el avión que en el taxi pero en absoluto es así.

Para empezar, en la puerta de embarque del avión se han generalizado las dos colas, una para la plebe, y otra para el embarque prioritario, rompiendo así el principio de igualdad de las colas (en las colas se da el principio de igualdad por el que cualquier persona, sea quien sea y tenga el estatus que tenga, tiene que guardar cola sin ninguna prioridad; puedes ver un interesante documental titulado "¡Hagan cola!" aquí).

El documental de Documentos TV titulado ¡Hagan cola! muestra el principio de igualdad de las colas

Si llevas maleta en cabina, que es lo más probable para viajes cortos, en el avión tienes que subir la maleta tú mismo y levantarla hasta una altura tres veces mayor que el maletero de un coche. Por supuesto que he visto como cualquier persona que no podía levantar la maleta era asistida por el/la azafato/a, pero para ello debes esperar a que llegue a través de un estrecho pasillo en el que apenas caben dos personas de lado y mucho menos cabe una silla de ruedas para una persona con discapacidad física.

Además, si llevas un bolso o una mochila, te pedirá que la coloques debajo del asiento delantero, con lo que te quitará espacio para los pies.

Mucha gente prefiere la maleta en cabina por miedo a ser extraviada y por evitar la espera de la recogida al aterrizar. Obviamente, el taxi jamás te perderá una maleta. Además, cuando llegas al taxi con una maleta, el/la taxista se baja del coche, sin dudarlo, para subirte la maleta al maletero.

Una vez que has depositado tu equipaje de mano en cabina o debajo del asiento, por supuesto no eliges donde sentarte. Cada vez son más las compañías que asignan los asientos aleatoriamente en el momento de la compra del pasaje, debiendo pagar un importe adicional si quieres elegir asiento. Un análisis por expertos de la Universidad de Oxford comprobó que con Ryanair tienes más probabilidad de que te toque la lotería que un asiento central en el avión, al lado de las alas y los motores. También comprobaron que si viajas en grupo, en promedio, te sentarán 10 filas más lejos de alguien de tu mismo grupo.

Claramente esto en un taxi no ocurre porque solo tienes cuatro asientos a elegir pero, por ejemplo, no te pondrán ningún inconveniente si quieres sentarte en el asiento delantero al lado del taxista.

Yo mido 192 cm de altura por lo que una vez se me seleccionó "aleatoriamente", sin saberlo, un asiento al lado de la puerta de emergencia, por lo que así tenía más espacio para las piernas. Poco duró mi gozo cuando la azafata supo que además soy una persona sorda, me pidió cambiar de asiento y puso en mi lugar a una señora mayor. Seguro que ante una emergencia esa señora podrá abrir la puerta cagando leches, con la fuerza y la serenidad que requiere el momento. En otra ocasión, me saltó un aviso en la web de que, tratándose de un asiento al lado de la puerta de emergencia, no debía tener ninguna discapacidad para ocuparlo. El año pasado tuve que soportar un vuelo transoceánico de 10 horas con las rodillas completamente pegadas al asiento de delante y la espalda totalmente recta, haciéndome imposible descansar lo más mínimo durante todo el vuelo.

Los taxistas se preocupan por darte el máximo espacio posible para las piernas desplazando los asientos delanteros hacia delante.

Mido 192 cm de altura, por lo que mis rodillas siempre van pegadas al asiento de delante (foto real en uno de mis vuelos)

Un avión de fuselaje estrecho puede tener hasta un máximo de 250 asientos. El avión en el que viajaba mientras reflexioné todo esto tenía 31 filas por 3 asientos a cada lado del pasillo, en total 186 asientos. Pongamos que, a una media de 100 euros por pasajero, obtienen 18.600 euros de ingresos por vuelo. Si a cada asiento añadieran 5 centímetros, es probable que perdieran un par de filas, unos míseros 1.200 euros que en realidad se ahorran en combustible, porque son unos 860 kg menos para el avión (una media de 72 kg por 12 personas) sin considerar el mismo peso de los asientos retirados y su correspondiente equipaje.

En cambio, mientras volaba con Air Europa, en un vídeo promocional en una pantalla presumían de preocuparse por el medio ambiente explicando que habían logrado aligerar el peso del avión con una pintura menos pesada, reduciendo así el gasto de combustible y contaminando menos. ¿En serio, por el medio ambiente? ¿A nadie se le ha ocurrido consumir menos combustible reduciendo el número de asientos y, de paso, proporcionar mayor espacio a los/as pasajeros? Por supuesto que sí, pero necesitan imperiosamente ganar más dinero con esos 12 clientes adicionales y la mayoría de los fabricantes de aeronaves ajustan así al máximo el espacio entre asientos.

En realidad es un conflicto de difícil solución ya que, al reducir el número de pasajeros y su consumo en combustible, aunque lo hace más confortable, lo cierto es que lo hace a su vez más contaminante que otros medios de transporte, como el tren, que puede acoger una mayor cantidad de viajeros/as por trayecto. No es de extrañar entonces que haya surgido la "vergüenza a volar" (flygskam) en Suecia, conocedores de que el avión es el medio de transporte más contaminante.

Gramos de CO2 por pasajero y kilómetro: tren 14, coche 42, furgoneta 44, autobús 68, moto 72, coche individual 104, furgoneta individual 158 y avión 285
Emisiones de CO2 en el transporte de pasajeros

Depositada la maleta y acomodado en asiento, cuídate de no tener sed porque algunas compañías aéreas como Ryanair o EasyJet te puede cobrar hasta un 1.132% más (sí, mil ciento treinta y dos por ciento) de lo que cuesta una pequeña botella de agua: tres euros. Solamente tienes derecho a agua si ya estás en cabina y tu vuelo se retrasa más de dos horas. Y ni se te ocurra beber el agua del grifo de los baños.

En el taxi puedes elegir si quieres o no aire acondicionado, elegir la emisora de radio e incluso, hoy en día, muchos te regalan agua o caramelos.

Y ya que hablamos de baños, son tan pequeños que yo tengo que hacer pis con la cabeza de lado o las piernas flexionadas (recordemos que mido 192 cm de altura), si es que un carro de venta de sus productos no me bloquea el paso hacia el baño.

Este carro con el que venden sus comidas y bebidas es otra de las cosas absurdas que pocas veces he necesitado durante un vuelo. Nunca he tenido una necesidad tan imperiosa de comer en vuelos de apenas dos o tres horas. Puedo entender que alguna persona pueda necesitarlo (por ejemplo, una persona diabética), aunque no estarían mal que también vendieran cultura y entretenimiento, como libros, revistas o incluso sudokus que me harían más llevadero el viaje cuando he olvidado llevar algo para leer.

En un taxi puedes solicitar cualquier parada y te esperarán para reanudar el viaje.

Todo esto y mucho más lo hemos ido aguantando. El avión nos lleva a miles de kilómetros de distancia en poco tiempo y lo pagamos sin rechistar. Si has llegado hasta aquí y no sabes donde quiero ir a parar, la abuela de la serie Years & Years de HBO lo explica muy bien:
Tenemos el mundo que nosotros hemos construido. Tenemos lo que merecemos


Las compañías aéreas deberían aprender del taxi Las compañías aéreas deberían aprender del taxi Reviewed by Emilio Ferreiro on 16.11.19 Rating: 5

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